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Viaje a Japón

El cumpleaños de mi hermano es la celebración más importante del verano, y este año aun más. Mi hermano vive en el extranjero y viaja muchísimo, así que como no sabemos si el año que viene podremos estar todos juntos, queríamos que este fuera inolvidable. ¡Y creo que lo conseguimos!

Mi hermano adora el sushi. Semanas antes de la fiesta no hacía otra cosa que decirme que cuánto le apetecía comer unos california rolls. Sabiendo esto, elegir el menú fue muy sencillo: makis, nigiris, rolls, wasabi… ¡todo un festín de gastronomía nipona!

Por supuesto, esta cena tan fabulosa tenía que estar ambientada en el país del sol naciente. Por una noche, viajaríamos al siempre enigmático Japón!

Así como en fiestas anteriormente mostradas la decoración se limitaba a añadir y mover mesas y sillas, colocar guirnaldas y crear bonitos centros de mesa (sin tocar demasiado lo ya existente), en esta fuimos un poquito más allá e hicimos una decoración integral de la terraza.

Lo primero de todo fue pensar qué haríamos con la pared frontal, donde hay unos platos vintage colgados. Como estos no quedaban nada bien con la estética que buscábamos, decidimos quitarlos. Pensando en la película “Memorias de una Geisha” se me ocurrió la idea de poner un auténtico kimono japonés colgado de una caña de bambú.

Como aun sobraba pared, redecoré una mesa ya existente. Sobre ella un busto budista (la religión mayoritaria de Japón), una cajita de ónix, unas velas cuadradas de estilo minimalista y una botella reciclada de sake que utilicé cómo jarrón.

Además puse una cuerda y la llenamos con fotografías nuestras en blanco y negro (en honor a la pasión de los asiáticos por hacer fotos).

Al otro lado de la terraza quise recrear la festividad de Tanaba (que se celebraba solo 5 días después del cumpleaños de mi hermano). Es una fiesta tradicional japonesa también llamada “la fiesta de las estrellas” en la que los jóvenes escriben sus deseos en papelitos de colores y los cuelgan en los arboles. Una idea perfecta como substituto del libro de firmas.

Junto a un colorido abeto, situé una mesa con tarjetitas y bolígrafos para que pudiéramos escribir nuestro deseos. Asimismo puse unas figuritas traídas de Japón (la mini geisha me encanta!), una gran vela y un nenúfar.

Y con todo, ¿sabéis qué es lo que gusto más? Los pajaritos y cisnes de origami que colgué por toda la terraza. Tardé varias horas en hacerlos, pero valió muchísimo la pena.

La mesa principal la adorné con un precioso jardín zen. El recipiente negro era en realidad un porta-velas que teníamos en casa. Compré la arena y las piedras en la tienda Magatzem Verd de Palma de Mallorca y le di un toque de color con una vela en forma de flor de Habitat.

Platos y copas de líneas sencillas, mantel blanco, palillos… y el punto divertido, unos mini-parasoles de colores como marcasitios.

Fue una noche muy especial.

¿Qué os ha parecido la fiesta?

Imágenes originales de “Paniculata in bloom”.

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1 comentario

  1. Como siempre me parecen magníficas las soluciones que has aplicado. Realmente estás hecha para la organización de eventos. Es un mundo difícil pero con tu demostrado talento seguro que te haces un sitio en lo más alto!!

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